RMFF 2016

BUITRE

texto por Carlos Enrique Díaz

Sacar ganancia de los resquicios de un sistema general que hace agua en sus tratados puede contentar a un público ávido de concretizar dicha premisa aún si su acercamiento solo rebase los límites de la ficción. Tras su prometedoraAPE, uno de los emblemas del Nuevo Cine Americano (Oliver Pére dixit) Joel Potrykus retorna con su actor feticheJoshua Burge a sus peculiares andanzas: Buzzard, nueva elucubración alpinchista de rasgos extremos y desatados que lo acerca al espíritu de un Gato Fritz aunque con mucha prepotencia y sin la perversidad sexual de éste último. Independiente ante sus semejantes, Marty Jackitansky es un renegado lúdico sin pretensiones futuras más que manejar situaciones a provecho, ahora encontrándose en uno de esos momentos definitivos como individuo, decidiendo ir a la contingencia delictiva, total para llegar a ese punto su constante despreocupación e inteligencia le habrían sido óptimas: sacarle la vuelta a la estructura corporativa que lo rodea en sus timos e impaciencias (otorga una lista increíble de tips antireglas) tuvieron cometido aplacando su miramiento y por que no, su satisfacción. Amante de la soledad, videojuegos, Pesadilla en Elm St., la Pizza con Doritos y sobre todo, el black metal, trabaja en una red a la que repugna e intenta salir, claro sacando todo el beneficio a costa de la utilidad empresarial. Sus compañeros rutinarios, en especial Derek (el mismo Potrykus asume el papel) le invitan a alguna activada sociabilidad sin resultado aunque no lo venden en esa inescrupulosa oportunidad. Buzzard relaciona con bastante humor, eficacia e hidalguía, los ajetreos de una sobrevivencia al margen de la ley en sus cuestionados triunfos, capturando el acto y despejando la moral como también la reacción de la conciencia, cuyo proceso de consecuente paranoia y apuro a ser pescado, seduce al espectador ya para ese instante, testigo secuaz de travesuras y a su vez, manifiesta la actitud chocante y reventada del anarquista que sin mirar atrás, acude a todas sus armas para alcanzar, una utópica libertad. La cámara se condiciona, retratando particularmente a los sujetos en su encuadre salvo las tomas conjuntas de los dos inesperados colegas que en su diversión llegan a parecer Jackass dado un intervalo del film. Discrepo de su discontinua edición, espaciada entorpece la persistencia deseada. Potrykus mueve de su mundo a su principal figura, lo contrasta, lo expone tanto como en el mismo volumen lo cuida, le busca pactos finalmente infructuosos, el orden funcional muestra sus trucos y él responde con garra. Película de alma punk (y un toque misógina, el rol de la mujer es mero acompañamiento o sandez) para una generación X, listo tiene el altar aunque la procesión vaya pudriendo por dentro, corre libre aún si hay algo que se va perdiendo. Jefes del mundo, están advertidos.

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