RMFF 2016

JUANICAS

¿Qué tan personal puede llegar ser una película y aún así ser de interés? Para su primer largometraje documental, uno que se comenzó a filmar hace diez años, Karina García Casanova desafía esta interrogante al no mostrarnos el típico documental sobre tu propia familia, aquél narcisismo de apellido, sino uno que cala mucho más profundo por involucrar directa y honestamente a su propia autora. Reconocerse como filmador, partícipe y receptor de las cosas que pasan dentro del filme, de las cosas que han pasado dentro de su familia durante toda su vida.

Juanicas es el nombre de cariño con el que llama su madre a Juan Garcia Casanova, el hermano de Karina. El inicio de la película nos sugiere que algo ha pasado con él, pero no sabremos qué hasta primero conocer su historia, y, más importante aún, la historia que le ha dejado marcada muy profundo a sus familiares y especialmente a su hermana. Después de la introducción en la que Karina y su madre escombran cajas buscando las cosas de Juan, la película retrocede a la acción pasada hace ya casi diez años: Juan regresa de un corto viaje que hizo a México. Vuelve a Montreal, donde su familia ha radicado ya por varios años. Hay una convivencia familiar agradable, Juan y su hermana parecen llevarse muy bien, bromean y rien mucho, pero alguna incomodidad se percibe latente cuando la madre está presente. Juan es un treintañero alegre y bonachón, o así lo parece. Pero lo bonito le dura poco al documental. Momentos después, Juan se encerraría en su cuarto sin querer hablar con nadie por meses enteros. Se nos revela que Juan está diagnosticado con un trastorno bipolar muy severo.

Vemos los altibajos de Juan intentando lidiar con su enfermedad, y de su familia intentando lidiar con él. Ello a través de un retrato familiar espléndidamente editado, intrigante, verdadero, y sumamente cinematográfico. Conforme los sucesos ocurren, nos enteramos de que la madre de Juan y Karina, también padece de un trastorno psicológico muy grave y las cosas se voltean y se tornan todavía más negras. Juanicas es además un documental que, como lo haría aquel maestro Intimidades de Shakespeare y Victor Hugo (Olaizola, 2008), conduce al espectador por situaciones inesperadas, intensamente emocionales, y profundamente interesantes. La subjetividad como recurso en la cinta es uno de sus más grandes aciertos. Karina invita ahora al espectador a interpretar, pensar y a observar a Juan no como el enfermo destructivo alrededor del cual todos sufren, sino quizás, como una víctima de la situación, u otra cosa.

Abrir a tu familia de esta forma y por ende abrirte a ti mismo, en una película, tu primera película, es un suceso realmente admirable que requiere de fuerzas internas descomunales. Vemos a Karina lidiar con su familia, como espectador que siempre filma. Pasivo pero con inmensos mares de sentimientos internos. La vemos sufrir verdaderamente, y la película jamás se percibe como otro documental más de gente blanca y sus problemas, al contrario, es una película acerca de la humanidad, la familia, los sentimientos, y una visión enteramente nueva y personal que nos acerca a lo que es vivir con, alrededor, y en torno a una enfermedad mental. Juanicas es una película con ovarios. Una película-exorcismo, que jamás manipula ni busca un mensaje especifico. Su grandeza reside en lo ambiguo, porque al final, nosotros nada tenemos qué ver con esto, pero somos humanos. Observar a un artista crear semejante portento a partir del propio sufrimiento, es una experiencia única, profundamente humana, y una película tan estimulante como dolorosa.

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