RMFF 2016

TAXI

Texto por Carlos Enrique Díaz

Kiarostamica a full, Taxi regula su propuesta a la obsecuente dualidad entre lo real y lo ficticio, entre el documental y la ficción traveseando durante casi hora más media en ese provocador recorrido por aquel Irán local y desidealizado. Provocador, puesto que el director Jafar Panahi está terminantemente prohibido de filmar dadas las restricciones equívocas en su país a cualquier arte que infunda libertad desde la propagación, cuyo fulgor reluzca las condiciones socio culturales que delimitan el pensamiento de la nación. Quijotismo y(o) normalidad, contemplamos una realidad a través de una camarita puesta sobre la guantera permitiendo monitorear los diversos movimientos de los viajeros delanteros del vehículo como también al girarla ver a lo ancho del parabrisas, la amplitud de sus avenidas y otra complementaria a los asientos posteriores, de mero apoyo. Panahi intuye que la ambigüedad puede fortalecer este riesgo y literalmente se infunde el traje del conductor llevadero, amable e incluso paciente con los numerosos pasajeros, ocupantes y mensajeros que en cuestión de minutos, informan sus procederes o certezas haciendo del inusitado recorrido, algo ameno, episódico y concertante. Rutilante, este Taxi se abre paso de modo seguro, convergiendo afables puntos de vista a ambos lados con instantes de sorprendente tensión, resaltados en el alto volumen incidental del asunto o bajo alguna que otra azarosa fatalidad. Es ese dicotómico terreno llevado a lo enteramente cinematográfico donde el tratamiento abaratado permite dilucidar ese panorama con cierta cabalidad y luego reflexionar si las concesiones que aceptamos los seres humanos llegan a su cometido de concordar una sociedad mejor. La finísima crítica hacia las limitaciones jurídicas en su país en diversos campos específicos  no busca recrear un paradigma sino descifrar sus esquemáticas incoherencias  incluso aprovechando el buen humor. Ahora, es con el ingreso a escena de la sobrina del realizador del Globo Blanco y El EspejoHana Saeidi en donde la oferta adquiere mayor espontaneidad y firmeza pues ella interpela a Panahi desde su formación, cotejando interrogantes salidas de su habitual experiencia, brillando con apropiada luz. Difiero de su alarmante final pues mereció respirar algo de la brisa infantil de Saeidi, dispuesta a innovar el futuro (y sobre todo a relevar algunas reglas de distribución) frente a la necedad de cualquier régimen puritano.

Leave a Reply