RMFF 2016

VICTORIA

texto por Carlos Enrique Díaz

Al ritmo de techno berlinés en plena efervescencia cuasiepiléptica de discotequeras luces inicia Victoria, esta suerte de toma secuencia constante y frenética pretendiendo sorprender con un tecnicismo fascinante aun si el relato a revelar no sea del todo contundente. Es más pareciese que su realizador Sebastián Schipper conoce a priori ciertos errores en el tema de los perfiles que otros colegas suyos trivializan, buscando evitarlos y darle vuelta a esos yerros, sacando en una que otra ocasión, un inusual as bajo la manga. La noche, testigo uniforme de la primera parte del largo film, presenta situaciones que podrían derivar a lugares comunes de anteriores películas mediocres dado el contexto que se va manejando y por los personajes a anunciarse, de modo fehacientemente coordinado que dirima de algún tipo de antejuicio, como por ejemplo las facciones de sus antagonistas, el motivo de la interacción correlativa y sobretodo, la aptitud entre risueña a coqueta de la protagonista con sus nuevos y posiblemente peligrosos compañeros, en fin la suma de prejuicios emergentes que dilucidarían lo peor, barajados de manera precavida incluso acertada. Lástima que ya para el desenlace diurno, el film decae en mayor medida al formalismo argumentativo de escuela de cine yendo por los senderos de la autocompasión y la desgracia, incluyendo un dilema moral francamente rebatible puesta la coyuntura avisada en la pareja principal, asimismo al abordar el terreno de las paradojas con alta dosis de escarmiento. Creo sin chistar que su destreza fílmica con la cámara eclipsa hasta el desgaste, los demás detalles cinematográficos igual de importantes, ofreciendo una inclemente continuidad mantenida durante el despliegue, enriquecida de numerosos planos nacidos por su dinámica como también del reconocimiento al lugar donde se producen los hechos, limitación concisa de su proceder. Eso sí, es inentendible una película que utiliza de motor persuasivo, la unión de los intérpretes, termine siendo este factor la que rija la azarosa conducta de los hechos, conforme vemos presenciando el dilema de su empresa. Victoria, la proeza artística alemana sin cortes, galardonada con el Silver Bear en Berlinale 2015 reserva lo que abastece visualmente, porque si no, hace agua a todo lado.

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