latest news

rmff 2015

MUCHACHAS

por Salvador Amores

Muchachas parte de la ingenua premisa de preguntarse a sí mismo -asumiendo su posición social como burgués- el rol social y humano de las empleadas domésticas en la sociedad mexicana contemporánea. A partir de acá la directora, Juliana Fanjul en su primer largometraje, sigue a las Muchachas que han rodeado su vida: la sirvienta de su abuelita, la de su mejor amiga, y otra que realmente no me quedó muy claro si era de su madre, su tía, o de quién. Les hace preguntas mientras las graba incómodamente con una cámara en mano a veces bastante intrusiva. Remedios, Dolores y Lupita, son observadas efectuando su labor, y en una ocasión, en su trayecto a casa y en su hogar con su familia.

Las tres; aunque notoriamente incómodas de responder a las excesivas preguntas de la directora, respuestas que se ven más obligadas por un ejercicio explícito de la propia relación de poder supuestamente criticada (la directora es, de alguna forma, “hija de la patrona”, o, perteneciente a la calaña de los “patrones”), que por verdaderas ganas de réplica; son sujetos documentales realmente interesantes de esos que tienen el poder de hacer que el espectador se clave e interese por ellos con tan sólo observar su cotidiano. Las muchachas se ríen, bromean, dicen cosas realmente dolorosas y hasta lloran. Porque son humanas. En el documental se percibe una intención de querer humanizar algo que muy evidentemente no lo requiere. Las muchachas ya son humanas, aunque para el burgués que las objetiviza y desdeña para después “reflexionar”, no lo parezcan.

Cerca de la mitad de la película, en la secuencia más lograda y de mayor interés, una que no es tan televisiva como casi toda la demás cinta, la cineasta decide seguir a Lupita, la muchacha más interesante y abierta, a su casa. Queda lejísimos la casa, al parecer. Cuando llegan, después del largo trayecto por microbuses y calles estrechas (que recuerda mucho a Réimon, de Rodrigo Moreno), se observa a la humilde familia en su pequeña morada. Los niños rezan y el marido abraza a la Muchacha. Era un momento meritorio hasta que la cursilería y el lirismo imperan en lo observado. Momentos después, Lupita, en la azotea, nos revela su opinión acerca de la división de clases que hay en este país. Una verdad dolorosa, pero no muy nueva.

A Muchachas se le rescatan varias cosas; entre ellas, que es una película llevadera y decentemente filmada. Pero muchas otras cosas no se le perdonan: la ingenuidad, el didactismo, la falta de distanciamiento y, principalmente, suponer que se presenta un “problema social” en nuestras caras, sobre el que realmente ya todos los mexicanos han hecho conciencia, menos aquél ensimismado artista que cree estar pisando tierras inexploradas.

2 Responses

  1. Julio Dorado

    Su texto comienza con la afirmación que:
    Muchachas parte de la ingenua premisa de preguntarse a sí mismo -asumiendo su posición social como burgués- el rol social y humano de las empleadas domésticas en la sociedad mexicana contemporánea.
    Esta no es para nada una premisa ingenua, bien al contrario, la directora, que pertenece a una clase social y que nunca niega esta pertenencia y sin reivindicarla la asume, se pregunta de una manera sincera el rol de esas personas invisibles para los de su clase.
    En esa reflexión mira a su alrededor y re descubre a esas personas que siempre la han servido en el silencio. Que Lupita sea la empleada de su madre, su tía o su abuela, no cambia mucho la importancia de la pregunta: Quienes son esas personas que le han servido y porque las ha ignorado?
    La película empieza entonces como un dialogo, a veces ingenuo, pero siempre inteligente y sincero, sobre quienes son esas mujeres que desconocía, haciéndonos descubrir a nosotros como espectadores, quienes son, de donde vienen, que sueñan, como llegaron allí. Al contrario de lo que afirma, sin ser intrusiva, la señora Fanjul logra mostrarnos de una forma delicada, sutil y sencilla como es de dura la vida de una empleada del servicio. Ella logra no solo la confianza de sus empleadas, si no también la del espectador, que llega a tener una ventana a ese complejo mundo de relaciones sociales que significa la servidumbre domestica en Latinoamérica y de la cual difiero de su punto de vista, en ninguno de estos países somos suficientemente conscientes.
    La película (La cinta no existe hace ya tiempo) a la cual no le vi nada de televisivo, ojalá hubiera mas televisión así en México y en el resto de continente, si nos humaniza a esas personas que todo un grupo social des humanizo hace mucho tiempo. Partiendo de no negar su burguesía, Juliana nos plantea esa terrible realidad, que aunque presente queremos siempre negar.
    Su triste critica solo demuestra que la película es correcta, si existiera ese Mexico consiente de su problema social, Usted sinceramente cree que la situación del país seria la que tristemente padece!?.
    A este país le hacen falta mas Julianas didácticas que salvadores inconscientes.

    1. Salvador Amores

      Hola Julio, muchas gracias por tu comentario.

      Primero contestar lo primero. A mi me parece una película ingenua por creer estar haciendo un comentario social contundente, comentario que realmente no se puede ejercer desde el punto de vista que la directora aquí sostiene sobre dichos individuos. No cuestiono la sinceridad de la cineasta, más sí lo poco efectivo que es dicho comentario y lo caduco que es su lenguaje tanto cinematográfico como de investigación antropológica o social. Me parece ingenuo creer hacer una reflexión tan ligera como la que se presenta aquí, de un asunto que quizás requeriría un mayor conocimiento y un distanciamiento propositivo en el cual realmente Juliana dejara de ser intrusiva (por que lo es, me parece que acá no hay respeto por lo filmado y mucho menos con preguntas comparativas como las que hace en todo momento en la película) y tomara una posición más bien alejada. Entiendo, quizás jamás niega su burguesía, pero la admite, reitera y, el problema mayor, emprende su reflexión a partir de ella.

      Para no hacer tan larga mi réplica, yo creo que las Muchachas realmente no requieren que las humanice nadie. Pretender humanizar a una clase social que (obviamente) uno no comprende, de manera tan “light”, poco lograda y, reitero, ingenua; se percibe más bien como algo encaminado a ser un ejercicio de ego o white guilt. Hablo de un lenguaje formal televisivo, más allá de la crítica social que la película pretenda. Su forma y recursos es a lo que yo me refiero como pertenecientes a la televisión.

      Gracias una vez más por el comentario y que bueno que se abre el diálogo. Saludos.

      .

Leave a Reply